Cuando el PP, el PSOE y CiU decidieron en contra de toda sensatez, de espaldas a la ciudadanía, aprobar la infame e inútil Ley Sinde surgió como réplica la iniciativa ciudadana #NoLesVotes: un movimiento que busca acabar con el bipartidismo ciego que excusa corruptelas, incompetencia, política de pasillos y despilfarro. El bipartidismo del "tú más", del "que viene la derecha", del "cuidado con los rojos" y de las acusaciones de patio de colegio.
#NoLesVotes no defiende la abstención, todo lo contrario, anima a todos a acudir a las urnas. Los defensores de #NoLesVotes pedimos (me incluyo) que en las elecciones de mañana la gente acuda masivamente a votar… a partidos que no votasen a favor de la LeySinde. Cualquiera menos PP, PSOE o CiU.
Quizá pueda parecer extemporáneo recordar el NoLesVotes frente a las masivas acampadas de estos días pero precisamente NoLesVotes fue el pistoletazo que despertó a los descontentos igual que la muerte de un vendedor de fruta despertó la primavera árabe. Las acampadas de estos días han agrupado a una variopinta multitud de personas que venían de muchos otros movimientos similares anteriores como los grupos "Con V de Vivienda" o las protestas de Anonymous en la entrega de los Goya. Lo mejor de estos días es que si antes a los políticos les era fácil ningunear el activismo político en red llamándonos "frikis", "cuatro gatos" o "internautas" ahora saben que desde internet es posible canalizar un enorme descontento al margen de sus estructuras habituales de poder e influencia.
Personalmente no me sumé a la convocatoria del 15M por las absurdas peticiones económicas de los convocantes de la manifestación en ese momento. Estuve hasta el miércoles de esta semana en Barcelona y antes de comentar nada quería acercarme a ver lo que había por la plaza. Cuando fui a Sol nada más volver a Madrid me gustó lo que vi. Gente genuinamente interesada en política, harta del bipartidismo absurdo, reclamando pacíficamente un cambio político.
Al ver las concentraciones me venían a la cabeza varias ideas:
- Estas protestas son sólo el comienzo de muchas que están aún por llegar. Tenemos unas administraciones derrochadoras y sin capacidad de seguir endeudándose. Los recortes que se han hecho hasta ahora no son nada con lo que queda por delante (ajustes a la catalana en toda España). Con los recortes reales vendrán mayores protestas. Eso si no nos intervienen... si los recortes no son suficientes y nuestra economía es intervenida podemos prepararnos para manifestaciones más duras y violentas.
- Comparar las acampadas de España con las revoluciones árabes me parece una falta de respeto. No tenemos regímenes represivos regidos por dictaduras nepotistas con un violento sistema policial. En España ninguno nos jugamos la vida por acudir a las acampadas. Hay que poner cada cosa en su sitio. En España tenemos seguridad jurídica, libertad de prensa, de asociación, de reunión, derecho al voto, etc. Tenemos las herramientas que nos permiten hacer un cambio sin necesidad de "revolución". No me gusta que se hable de revolución. La historia de las revoluciones es triste, sangrienta, violenta y llena de miseria. Me gusta demasiado la democracia. Nos ha costado mucho conseguirla. Me revuelve el estómago que la gente se tome la palabra "revolución" a la ligera.
- Los medios de comunicación, salvo honrosas excepciones, tardaron días en darse cuenta que la noticia no eran las imágenes precocinadas que los partidos les servían de sus mítines.
En una democracia las revoluciones derivan, a menudo, en sistemas peores que lo que había antes. No hay más que echar un ojo a Venezuela, por ejemplo. Necesitamos nuevos partidos, partidos que nos escuchen... pero ¿romper la baraja de nuestra democracia? ¿Qué viene después? ¿Cómo nos ponemos de acuerdo en las reglas básicas de convivencia? ¿Cómo sabemos que lo venga después será mejor que lo actual?
Vivimos en una democracia donde tenemos la libertad de elegir a los políticos que nos representan. El fallo no es de los políticos. El fallo es nuestro por abstenernos de votar. El fallo es nuestro por no ser más exigentes en nuestras decisiones. Si de verdad queremos un cambio tenemos que participar en las elecciones y votar responsablemente. Personalmente es lo que yo haré mañana.